El fútbol venezolano tuvo esta semana una jornada inédita. Zamora y Deportivo Lara tuvieron que sortear dos compromisos en Copa Libertadores y en el Torneo Apertura al mismo tiempo.

Zamora FC debió visitar al Atlético Mineiro por Copa Libertadores mientras que en su casa recibía a Deportivo La Guaira con escasa diferencia horaria.

Al tener que jugarse uno en Brasil y el otro en Barinas, el técnico Alí Cañas necesitó hacer una convocatoria amplia para afrontar ambos compromisos.

No le fue para nada bien, pues a los suplentes y jugadores del filiar les endosaron un doloroso 0-4 en el Estadio La Carolina, mientras el primer equipo caía 3-2 en un luchado partido en el Estadio Mineirao.

Deportivo Lara por su parte tenía las cosas “más fáciles”. Ambos partidos se jugaban en territorio venezolano, siendo el del torneo local de visitante en Guanare y el de Copa Libertadores en su estadio de Cabudare.

El técnico Leonardo González pudo estar presente en ambos partidos aprovechando la diferencia de horario de los dos juegos. El partido en Guanare, por los problemas de falta de electricidad que se viven en Venezuela se jugó a las 3 de la tarde, hora local. Por otra parte en el Estadio Metropolitano se jugó a las 8 de la noche.

Con esa opción todo se arregló para jugar con la banca en Guanare, abriendo el día con una victoria 2-3 sobre Llaneros y en la noche (a puerta cerrada), vencer en vibrante cotejo a Huracan 2-1.

El fútbol venezolano vive difíciles condiciones de desarrollo. 20 equipos sobreviven en un torneo con calendario muy comprometido y ajustado que aparentemente no permitió cambiar escenario u horarios de los partidos de Zamora y Lara.

Una desventaja competitiva que si bien es cierto, como algunos mencionan, no es la primera vez que sucede en el fútbol continental, eso no quiere decir que tenga algún sentido.

Mientras tanto, con energía eléctrica disponible o no, con agua o sin agua en los vestuarios, no hay quien se plante y detenga el fútbol Venezuela hasta que el entorno sea un tanto más favorable para desarrollarse con mínima normalidad.

Ahora sería interesante conocer si las plantas que alimentaron al Estadio Metropolitano de Cabudare podrían tener un uso más trascendental, como por ejemplo un hospital.